Los yacimientos arqueológicos de Basti continúan sorprendiendo

El Ayuntamiento ha iniciado este año una intervención de acondicionamiento y protección. Busca financiación para un proyecto mayor que incluye nuevas excavaciones, hacer visitables los yacimientos y divulgar sus valores 42 años después del hallazgo de la Dama de Baza los yacimientos arqueológicos de Basti y sus necrópolis siguen sorprendiendo por las novedades que aportan los vestigios que se encuentran conservados bajo tierra. Tanto es así que el último hallazgo puede cambiar lo que se conocía hasta el momento de la arquitectura y rituales religiosos de las gentes que habitaron las tierras bastetanas hace más de 2.400 años.

El arqueólogo director de la intervención promovida por el Ayuntamiento de Baza en Cerro Santuario y Cerro Cepero, Alejandro Caballero, es cauto sobre lo descubierto en la primavera de este año, ya que todavía es necesario realizar un estudio en profundidad, pero aún así reconoce que la tumba encontrada (denominada 183) “presenta una serie de características de gran interés arqueológico”. La originalidad en los usos y transformaciones de este enterramiento informan de un complejo mundo de creencias mágico-religiosas de las que no se tenía documentación hasta ahora en la Arqueología protohistórica del sureste de la Península Ibérica, y su entidad arquitectónica permite conocer la estructura de los grandes enterramientos de la necrópolis del Cerro del Santuario y extrapolar algunos de los datos de la misma a otros enterramientos excavados en el pasado siglo.

El descubrimiento se produce en el desarrollo de labores de acondicionamiento y protección promovidas por el Ayuntamiento de Baza, en concreto durante la limpieza de uno de los límites de excavación de la intervención de F. Presedo, se apreció la existencia de una estructura de adobe piramidal en buen estado de conservación.

La presencia de una antesala y de una puerta de acceso al interior de la cámara evidencia que nos encontramos ante un auténtico monumento funerario, quizá el más antiguo de su categoría dentro de la necrópolis, con una datación de finales del siglo V a.C. Este enterramiento está constituido por una cámara semisubterránea excavada en subsuelo, revestida con paredes de adobes, a la que se accedía por un estrecho corredor, desde una antesala o vestíbulo superior, en la que existe un banco corrido adosado a la única pared documentada de este espacio. En diferentes lugares se han conservado restos de los revocos pintados que la cubrían, siendo estos de color rojo, con motivos geométricos.

El ajuar del enterramiento se encontraba saqueado y revuelto en el piso inferior de la cámara, aunque se han podido recuperar algunos objetos cerámicos y metálicos, entre los que destacan una espada del tipo falcata, varias urnas, un plato, una botella, una fuente, dos anforiscos y una tapadera con pomo calado.

Caballero detalla que “tras el revuelto del ajuar original se produce un interesante comportamiento, nunca antes documentado en la Arqueología funeraria ibérica. Este consiste en la deposición de una serie de inhumaciones infantiles dobles, que se suceden en un corto espacio de tiempo, quizás unos 25 o 50 años. Esas inhumaciones consisten en por lo menos 8 individuos, de edades inferiores a los dos años, sexo masculino en los casos que es posible especificar el género y con evidencias de malnutrición en algunos de ellos. No existen pruebas aparentes en los restos de óseos de una muerte violenta de los mismos. Sin embargo éstos se entierran sin ajuar y por parejas, lo que induce a pensar que no son producto de muertes naturales casuales, lo que relaciona este comportamiento con algún tipo de actividad mágica o ritual de carácter excepcional.”

Operarios en tareas de exposición de los yacimientos

La tumba, debido a los problemas de conservación de los ladrillos de adobe, ha sido enterrada con las protecciones pertinentes, para preservarla para futuros trabajos de acondicionamiento del yacimiento, que permiten su musealización.

Parte de los materiales arqueológicos exhumados en esta tumba se encuentran ya expuestos en el Museo de Baza, junto a otras piezas de gran interés localizadas en la criba de las terreras de las excavaciones del siglo pasado, entre los que destacan elementos de joyería, herramientas de artesanía textil en cerámica y hueso, y urnas funerarias de otros enterramientos documentados durante la intervención.

En estos momentos se abre un panorama con numerosas hipótesis de trabajo sobre el significado de esta original estructura, que futuros trabajos de laboratorio pueden completar, porque todavía no han concluido los mismos.

Nuevas intervenciones.

Estos trabajos forman parte de un proyecto mayor para difundir y divulgar la riqueza patrimonial y arqueológica de Baza, por un lado, y, por otro, convertirlos en un atractivo turístico que complete las infraestructuras culturales existentes, el Museo Arqueológico Municipal y el CIYA. Así el Ayuntamiento ha elaborado una actuación de acondicionamiento, que incluye intervenciones arqueológicas, para el que está buscando financiación de diferentes administraciones.

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